Escuchaba el silencio,
y de pronto se detuvo,
dejó todo de lado
y partió en busca de la pajarera.
Retiró el agua y la comida de la jaula,
no era muy grande, así que no tuvo ningún problema en cargarla, sacó sus llaves y cerró la puerta.
Caminó cinco cuadras (este), luego dobló hacia la derecha, siguió cinco cuadras más, por última vez dobló hacia la izquierda.
En el parque había niños jugando, perros, helados, juguetes, ancianos, y guitarreos.
Encontró un árbol vacío, y ahí se sentó junto a sus tres canarios.
Ya casi acababa la primavera, se esperaba una fresca tarde caído el sol.
Miró su reloj, eran casi las seis. Se confundía entre sus ojos llorosos, la alergia incesante que padecía.
Abrió la pequeña puerta de la pajarera,
curiosos salieron, dando pequeños saltos,
ya todos afuera, cerró la puerta.
Los vio partir, secándose las mejillas.
Tomó la pajarera
y volvió a casa.
6.10.10
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yo como el más fiel de tus lectores, exijo una publicacion alegre y feliz :)
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