Mientras seguían hablando bajito, me fui a sentar a la escalera entre los dos escalones de madera más bajos donde podría apoyar mi hoja para dibujar, junto a mi vaso de bebida, tarareando una melodía sin sentido, y moviendo mis patitas al son de mi cantar. Eso sí, debía correr mis cosas cada vez que bajaba alguien, excepto cuando bajaba mi primo más grande, porque él me saltaba, era el más seco.
Terminé de dibujar y miré hacia la puerta trasera de la cocina, podía ver como los rayos de luz atravesaban el parrón. Dejé la libretita y el lápiz en la mesita, y el vaso se lo pasé a mi mamá. Fui al patio de atrás a jugar en el columpio, y de pronto sentí la reja. Eran los tíos y mi primo. Mi primo tenía dos años menos que yo, y jugar con él era lo más entretenido. Así que fui corriendo a la reja, para saludar, primero a mi tía, luego mi tío y por último mi primo. Entramos para que saludaran a los demás, y después salimos a jugar. (Recuerdo que) mi abuelita nos dijo: sólo al patio de atrás y no mucho rato porque ya está fresco. Buscamos chanchitos de tierra y los guardamos en una cajita de fósforos, sacamos hojitas, y ramitas. No nos dimos ni cuenta y ya nos estaban llamando para entrar...
08/03/11
00:08

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